Delirios de un porreta
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Delirios de un porreta

buscando sentido en la sociedad de mercado

Oscar BalaPerdida

Bolsillo

114 Páginas

ISBN-13: 9788411748124

Editorial: BoD - Books on Demand

Fecha de publicación: 26.07.2026

Idioma: Español

Palabras clave: poesia, Filosofia, Existencialísmo, contracultura, antisistema

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Oscar BalaPerdida es un poeta, cantautor y filósofo. Aprendió a cantar en su batalla contra la realidad, a escribir en la soledad de la derrota y a vivir en la frontera entre lo ideal y lo real. Su vida (marcada por errores, noches de excesos que a veces se prolongaban más de 72 horas, caídas, tropiezos, estancia en la cárcel, varios ingresos en el psiquiátrico tras años de brotes psicóticos) no es una tragedia; le aporta una mirada que no miente, aunque mucho tiempo vivió engañada.
Este libro Delirios de un porreta, no es un simple poemario. Es un grito mudo por la libertad, escrito con la filosofía que surgen tras las heridas del combate contra uno mismo. Un diario de batalla en verso donde caben el amor, la rebeldía, la ternura y lo que podríamos calificar de una la rabia lúcida. Aquí encontrarás reflexiones sobre la injusticia, cánticos de resistencia frente a la sociedad de consumo, plegarias íntimas al niño que un día fuimos y la certeza de que, aun en la oscuridad. una chispa de luz aspirante a llama, siempre late.1
Dentro de este libro hay algo que no tiene precio: una vida cantada sin miedo, un espejo de nuestras propias luchas y la prueba de que la esperanza sobrevive incluso cuando todo parece perdido.
Llévatelo contigo. No es solo poesía: es una bandera blanca, el pedazo de una vida y puede que también de la tuya.
Oscar BalaPerdida

Oscar BalaPerdida

Todo empezó una tarde de otoño después del colegio en casa de un amigo que era vecino. Tengo 51 años y estoy decidido a hacer realidad el sueño que, a trancas y barrancas, he perseguido durante toda mi vida: ser cantante y poeta.
Me críe en una época de lemas
Yo elegí como propio uno que rezaba «sexo, drogas y rock and roll». Y hubo de las tres cosas hasta que tomé una mala decisión en mi vida: cometer un atraco. Con 18 años fui condenado a cuatro años, dos meses y un día de cárcel. Sentí que el mundo se me caía encima, que me iba por las barrancas.
Tras los barrotes escribí alguna que otra canción mientras llegaba a la conclusión de que, en el fondo, todos somos presos, prisioneros del dinero que nos obliga a dejarnos la vida en trabajos que ni nos gustan ni llenan nuestros vacíos.
Salí de la cárcel con ganas de comerme la libertad a bocados y me pegué seis años de borrachera, sin ser consciente de que, al mismo tiempo, estaba ahondando el precipicio por el que más tarde acabaría despeñándome.
Como seguía preso a pesar de haber dejado la cárcel, a los 28 decidí dedicarme en serio a la música. Dejé mi trabajo y aproveché el dinero del paro para grabar mi primer álbum: «Cancionero de un porreta». Con él bajo el brazo comencé a coger vuelo de nuevo. Soñaba con recorrer España con mis canciones y con cambiar el mundo a través de la música.
Hasta que un brote psicótico me frenó en seco.
Y después otro y otro y otro. Hasta que desarrollé una esquizofrenia que me tuvo años entrando y saliendo del psiquiátrico.
No pude continuar con mi carrera musical.
La medicación me produjo discinesia tardía, una enfermedad que se caracteriza por los movimientos involuntarios y los espasmos. No podía leer. No podía escribir. Ni siquiera andaba con normalidad.
Por fortuna pude operarme y sané de la enfermedad. Los brotes psicóticos desaparecieron. A los 35 tenía grabadas unas 40 canciones.
De vez en cuando, para desquitarme, salía a cantar por las calles de mi ciudad, Pamplona, y vendía algún que otro disco.
Uno de aquellos compradores, un tal Luis, escuchó mi trabajo y decidió comprar todas mis maquetas. Con este acto Luis me devolvió la ilusión por la música y por ser cantante. Y decidí acelerar el paso de nuevo.
Ahora recuerdo otro lema que se escuchaba mucho en mi infancia. Uno que creo que me define más que aquel que tomé por bandera en mi juventud. Decía «hasta la victoria siempre» y lo pronunció un tal Ernesto Che Guevara.

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